sábado, 19 de agosto de 2017

Encuentros de Reflexión Bíblica en la Parroquia de La Paz.

Estimados hermanos:
Les invitamos a participar los días Viernes de 18 a 19 hs en la Parroquia de La Paz de "Encuentros de reflexión Bíblica", un encuentro "Gratuito" con la Palabra de Dios, para conocerla, profundizar la Fe y compartir la Esperanza.

Quienes deseen sumarse pueden inscribirse por e-mail a ernestocela@gmail.com o llamar a la Secretaría Parroquial al Número telefónico: 42593217 de Martes a Viernes de 18 a 20 hs.
Pueden difundir sin inconveniente

martes, 30 de mayo de 2017

Encuentro Diocesano de Laicos

Me pongo en contacto para comentarles el sábado 10 de junio de 10.30 a 19 se realizará el Encuentro Diocesano de Laicos. Este año tendrá lugar en la Casa Cura Brochero (Trenque Lauquen 2551, Bosques, Florencio Varela).
Esta vez, la propuesta es dejarse interpelar por el lema ¿Dónde está tu hermana, dónde está tu hermano? Para eso, se podrá escuchar a personas que renuevan su servicio día tras día en áreas como el techo, la tierra, el trabajo, la pobreza, las adicciones, la trata de personas, entre otras realidades. De esta manera, los laicos podrán buscar junto a otros, desafíos para cambiar la realidad que nos duele, visibilizar a quienes están descartados, invisibilizados o excluidos.
A diferencia de otros Encuentros, este año las instituciones y comunidades laicales podrán expresar su ser y hacer de sus espacios de participación, pertenencia y compromiso mediante afiches u otras representaciones gráficas. Habrá un lugar destinado especialmente para expresar estas realidades laicales.
Quienes deseen participar deberán acercarse directamente a la Casa Cura Brochero con abrigo, elementos de escritura, equipo para el mate y almuerzo (habrá un buffet económico).
A las 18, el Padre Obispo Carlos José Tissera presidirá la misa.
 
Para más información ingresar a https://www.facebook.com/laicosdiocesis.dequilmes/

viernes, 28 de abril de 2017

Ordenación Diaconal de Luis María Stáffora

Claudia, Luis María Stáffora (futuro Diácono), Blanca y Ernesto
Con inmensa alegría invitamos a todos los hermanos y hermanas de la Parroquia Ntra. Sra. de la Paz a la Ordenación Diaconal de nuestro hermano y amigo Luis María Stáffora.

Será el próximo jueves 25 de mayo, desde las 11 de la mañana en la casa Santo Cura Brochero, cuando el Padre Obispo Carlos José Tissera impondrá sus manos para ordenar para el servicio del diaconado permanente a 11 personas. 

Ellos son Guillermo Mario Bizin, de la parroquia Sagrado Corazón de Jesús, Hernán Jorge Rollano, de la parroquia Anunciación del Señor, y Luis María Stáffora, de la parroquia Nuestra Señora de la Paz (Decanato Quilmes Centro); Leonardo Oscar Giménez y Leonardo Irala Troche, de la parroquia Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, Roberto Daniel González, de la parroquia Espíritu Santo, Ramón Aníbal Lezcano, de la parroquia San Juan Bautista, Alberto Fabián Montellano, de la parroquia San Cayetano; Jorge Antonio Monzón y Omar Gregorio Sosa, de la parroquia San Francisco Solano (Decanato Quilmes Oeste II); y Ángel Aníbal Godoy Silva, de la parroquia San Francisco de Asís (Decanato Florencio Varela).

Recuerden que la cita es a las 11 de la mañana en la casa Santo Cura Brochero (Trenque Lauquen 2551, Bosques).

Al concluir la misa se realizará un almuerzo a la canasta para festejar como comunidad diocesana este acontecimiento tan importante para nuestra Iglesia particular de Quilmes. La invitación es abierta a todos, quienes deberán llevar solo la comida para compartir en el almuerzo, ya que las bebidas serán invitación de los futuros diáconos.

También se invita a todos aquellos que quieran desplegar sus capacidades artísticas para animar la tarde.

sábado, 15 de abril de 2017

Mensaje Pascual 2017

“Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor” (Sal. 117, 1)

Hermanas y hermanos:
¡FELICES PASCUAS!

La persona de nuestro Señor Jesucristo es el centro y esencia de nuestra vida cristiana. A Él alabamos, bendecimos y damos gracias especialmente en estos días santos. El misterio de su muerte y resurrección abrazan nuestra vida entera. Más que nunca en estos días suena fuerte la exclamación de cada Misa: “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ¡Ven Señor Jesús!”.

Toda la Cuaresma ha sido una preparación para renovar nuestro encuentro con Jesucristo, o al menos, para tomar una decisión de dejarnos encontrar por Él (cfr. EG 3). Hemos descubierto que Dios no se cansa de perdonar, más bien descubrimos que somos nosotros los que nos cansamos de acudir a su misericordia. Por eso, en esta Pascua, decimos con el Salmo: “Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor” (Sal. 117, 1).

Cristo es nuestra esperanza. No tenemos puesta toda nuestra esperanza en personas o proyectos humanos. Como creyentes nuestra fe y esperanza están en Dios. En Jesucristo se renueva nuestro amor a la vida, a nuestro prójimo. La Resurrección de Cristo, que da su vida por los amigos, da sentido a la cruz que todos llevamos, y nos estimula a ayudar a los demás para llevar su cruz. Su Espíritu nos anima en la alegría de servir. Ante las muchas dificultades que vivimos personalmente y como sociedad, no aflojamos en el compromiso de servir, siguiendo el ejemplo de Jesús que lava los pies a sus discípulos y nos manda: “Hagan ustedes lo mismo”.

Decía el beato obispo Oscar Romero: “La Semana Santa es un llamamiento a seguir las austeridades de Cristo, la única violencia legítima, la que se hace a sí mismo Cristo y nos invita a hacérnosla a nosotros mismos: ´el que quiera seguirme, niéguese a sí mismo´, violéntese a sí mismo, reprima en él los brotes de orgullo, mate en su alma los brotes de avaricias, de codicias, de soberbias, de orgullo. Mate eso en su corazón. Esto es lo que hay que matar, ésa es la violencia que hay que hacer para que allí surja el hombre nuevo, el único que puede construir una civilización nueva, una civilización del amor”. “Es necesario, hermanos, derribar tantos ídolos, el del yo ante todo, para que seamos humildes, y sólo desde la humildad sepamos ser redentores, sepamos ser colaboradores de la verdadera colaboración que el mundo necesita. Liberación que se grita contra otros, no es verdadera liberación. Liberación que procura revoluciones de odios y de violencias, quitando la vida de los demás o reprimiendo la dignidad de los otros, no puede ser verdadera libertad. La verdadera libertad es aquella que se hace violencia a sí misma y, como Cristo, casi desconociéndose que es soberano, se hace esclavo para servir a los demás” (19 y 23/03/1978) (Mons. Oscar Romero. “La violencia del amor”. Sal Terrae. Pgs. 55-56).

En este año, en que nuestra diócesis desea “Renovar el servicio”, mirándolo a Jesucristo muerto y resucitado, nos hacemos cercanos al dolor de los sufrientes, los más pobres y descartados, los ancianos y niños más olvidados, los sin techo, sin trabajo; los maltratados y perseguidos. Compartimos el dolor de las familias que pierden a sus seres queridos de modo violento, jóvenes vidas truncadas, como Micaela García, de Entre Rios, o también el policía José Zurita, de Ezpeleta, ambos con vocación de servicio a la sociedad. Frente a las embestidas del mal y las injusticias, en todas sus formas, no nos acobardamos, sino que queremos “vencer al mal a fuerza de bien” (Cfr. Rm. 12, 21), porque tenemos esperanza.

Queremos “Renovar el servicio”, y nos animan las palabras del beato obispo mártir Oscar Romero: “No sería Cristo redentor si no se hubiera preocupado de dar de comer a las muchedumbres que tenían hambre, si no hubiera dado luz a los ojos de los ciegos, si no hubiera sentido angustia por las muchedumbres marginadas que no tienen quien los ame, quien los ayude. También la promoción, también el aspecto político y social le interesa al cristianismo. No sería completa la redención si no tuviera en cuenta estos aspectos del Cristo que quiso ser precisamente el ejemplo de un oprimido bajo un imperio poderoso, bajo una clase dirigente de su pueblo que lo desplazó en su fama y en su honor, y lo dejó crucificado”.

En esta Pascua saludo y expreso mi agradecimiento a tantas personas que sirven a los demás con gran generosidad, la mayoría en el silencio y en el anonimato. Cientos de hermanas y hermanos que se desempeñan en las diversas áreas de la pastoral.

Agradezco a todos los que han colaborado en la “Campaña de Fraternidad – Cuaresma 2017”, promovida por Caritas diocesana, para la construcción del Refugio “Jorge Novak, amigos de los pobres”, para las personas en situación de calle, y también para asistir a los inundados.

Agradezco sus oraciones y sigo encomendándome. Para ustedes y sus familias:

¡FELICES PASCUAS!

Dios los bendiga y la Virgen santa los cuide
 
+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

Quilmes, 14 de abril de 2017.

martes, 13 de diciembre de 2016

Noticias de la preparación de Navidad en Quilmes

En NUESTRA SEÑORA de LA PAZ, BERNAL, el próximo sábado 17 a las 19 hs, haremos nuestra representación NAVIDEÑA, con el cierre a cargo del Conjunto Vocal de Cámara, de la Municipalidad de Quilmes, director Pablo Canaves. 
Desde este viernes, y durante la semana próxima, el Padre Obispo Carlos José Tissera saldrá a caminar por la diócesis a saludar a los vecinos por la Navidad. Para este año, los saludos están previstos:
- El viernes 16 de diciembre a las 17 en la Peatonal Rivadavia de Quilmes Centro.  Allí estaremos con nuestro estandarte desde las 17:30 hs acompañando al Padre Obispo.
- El lunes 19 de diciembre a las 18 en la Capilla Inmaculada de Ezpeleta (Florida y Cuba).
- El miércoles 21 de diciembre a las 10 de la mañana en Villa del Plata de Florencio Varela (Chubut y Remedios de Escalada).
- El jueves 22 de diciembre a las 18 en la capilla San Andrés del Barrio Bustillo de Plátanos (Calle 149 entre 47 y 48).
- El viernes 23 de diciembre a las 10 de la mañana en el barrio La Matera de San Francisco Solano (Calle 880 y 815).
El Domingo 18 de Diciembre en la Capilla de Itatí haremos el Pesebre viviente desde las 20 hs. 
No olvidemos nuestros horarios y servicios parroquiales para esta Navidad:
Parroquia Ntra. Sra de la Paz 
Sábado   24/12   19:00 hs  Misa  Nochebuena 
Domingo 25/12   11:30 hs y 20:00 hs  Misas  Navidad

Fin año
Sábado 31/12    19:00 hs
Domingo 1/1/17  11:30 y 20:00 hs  Santa María Madre de Dios y Jorn. Mundial de la Paz

Capilla Ntra Sra de Itati -  Misas
Sábado   24/12   18:00 hs  Misa  Nochebuena.
Domingo 31/12   18:00 hs  Santa María Madre de Dios y Jorn. Mundial de la Paz

En la Parroquia está la posibilidad de celebrar el sacramento de la Reconciliación en estos horarios y días:   Vie. 23/12 -  18 a 21 hs
                               Sáb 24/12 - 10 a 13 hs   
Los invitamos también a participar para preparar nuestro corazón en esta NAVIDAD que ya llega.

lunes, 28 de noviembre de 2016

Primeras comuniones en la Parroquia Ntra. Sra de la Paz

Ayer domingo vivimos una hermosa jornada por la mañana con las primeras comuniones de unos 18 chicos y chicas que durante dos años vinieron preparándose para este encuentro con el Señor.

El Señor presente en su "Cuerpo entregado y Sangre derramada" por nuestra salvación llegó a sus corazones y los invitará a seguir este camino de encuentro también en los hermanos, porque comunión con Cristo implica necesariamente la comunión con los hermanos, especialmente con los más necesitados.

El templo estaba desbordado de hermanos y hermanas llenos de alegría por este acontecimiento.




miércoles, 2 de noviembre de 2016

"Mensajeros de la Paz" - Fiestas Patronales 2016


Con mucha alegría celebramos el domingo 30 de Octubre nuestras Fiestas Patronales en el contexto de los 40 años de nuestra Diócesis de Quilmes y con la presencia del Padre Obispo Carlos Tissera, quien precidió nuestra celebración.

Iniciamos en la plaza, frente al templo parroquial, recibiendo a los hermanos de la Capilla de Itatí que llegaron en procesión trayendo a nuestra Madre María de Itatí, en medio de cantos y con pancartas alusivas.

El resto de la comunidad parroquial los estábamos esperando cantando la canción oficial de los 40 años y con muchos globos de los que colgaban pequeños papeles con mensajes de Paz.

"Seamos Mensajeros de la Paz" fue el lema de la jornada y por eso después de una breve oración el Padre Obispo con los niños de la Capilla largaron los globos que llevaron nuestros mensajes.

Posteriormente, acompañados por los Chamameceros que venían del Barrio el Matadero, bajo el canto de Bendita sea tu Pureza y Nuestra Sra. de Itatí, cantos chamameceados, ingresamos al Templo.

Después de las lecturas un grupo de hermanos prepararon una dramatización bajo la guía de la Oración de San Francisco de Asís  "Señor haz de nosotros un instrumento de tu Paz...", acompañado por unas imágenes que ilustraban esas palabras.  Al finalizar todos los que actuaron salieron llevando un cartel con el lema de las Patronales.


El Padre Obispo nos convocó a ser verdaderos constructores de Paz, mensajeros que llevan a cabo las acciones de Jesús, de salir al encuentro, de llevar Amor, Unión, Justicia y Paz.  Y terminó afirmando:
"El nombre de la Paz es la Justicia"

Al finalizar los niños de catequesis de la Capilla de Itatí acercaron un Rosario Misionero con una alcancía con todas las intenciones y compromisos por la Paz.

Invitamos a profundizar lo que quisimos celebrar en las Fiestas Patronales con la lectura de este documento del Concilio Vaticano II, Gaudium Spes, que fué proclamado hace 50 años y sigue teniendo una vigencia tremenda.  Lo trasncribimos a continuación:

EL FOMENTO DE LA PAZ Y LA PROMOCIÓN
DE
LA COMUNIDAD DE LOS PUEBLOS

Introducción
77. En estos últimos años, en los que aún perduran entre los hombres la aflicción y las angustias nacidas de la realidad o de la amenaza de una guerra, la universal familia humana ha llegado en su proceso de madurez a un momento de suprema crisis. Unificada paulatinamente y ya más consciente en todo lugar de su unidad, no puede llevar a cabo la tarea que tiene ante sí, es decir, construir un mundo más humano para todos los hombres en toda la extensión de la tierra, sin que todos se conviertan con espíritu renovado a la verdad de la paz. De aquí proviene que el mensaje evangélico, coincidente con los más profundos anhelos y deseos del género humano, luzca en nuestros días con nuevo resplandor al proclamar bienaventurados a los constructores de la paz, porque serán llamados hijos de Dios (Mt 5,9).
Por esto el Concilio, al tratar de la nobilísima y auténtica noción de la paz, después de condenar la crueldad de la guerra, pretende hacer un ardiente llamamiento a los cristianos para que con el auxilio de Cristo, autor de la paz, cooperen con todos los hombres a cimentar la paz en la justicia y el amor y a aportar los medios de la paz.
Naturaleza de la paz
78. La paz no es la mera ausencia de la guerra, ni se reduce al solo equilibrio de las fuerzas adversarias, ni surge de una hegemonía despótica, sino que con toda exactitud y propiedad se llama obra de la justicia (Is 32, 7). Es el fruto del orden plantado en la sociedad humana por su divino Fundador, y que los hombres, sedientos siempre de una más perfecta justicia, han de llevar a cabo. El bien común del género humano se rige primariamente por la ley eterna, pero en sus exigencias concretas, durante el transcurso del tiempo, está cometido a continuos cambios; por eso la paz jamás es una cosa del todo hecha, sino un perpetuo quehacer. Dada la fragilidad de la voluntad humana, herida por el pecado, el cuidado por la paz reclama de cada uno constante dominio de sí mismo y vigilancia por parte de la autoridad legítima.
Esto, sin embargo, no basta. Esta paz en la tierra no se puede lograr si no se asegura el bien de las personas y la comunicación espontánea entre los hombres de sus riquezas de orden intelectual y espiritual. Es absolutamente necesario el firme propósito de respetar a los demás hombres y pueblos, así como su dignidad, y el apasionado ejercicio de la fraternidad en orden a construir la paz. Así, la paz es también fruto del amor, el cual sobrepasa todo lo que la justicia puede realizar.
La paz sobre la tierra, nacida del amor al prójimo, es imagen y efecto de la paz de Cristo, que procede de Dios Padre. En efecto, el propio Hijo encarnado, Príncipe de la paz, ha reconciliado con Dios a todos los hombres por medio de su cruz, y, reconstituyendo en un solo pueblo y en un solo cuerpo la unidad del género humano, ha dado muerte al odio en su propia carne y, después del triunfo de su resurrección, ha infundido el Espíritu de amor en el corazón de los hombres.
Por lo cual, se llama insistentemente la atención de todos los cristianos para que, viviendo con sinceridad en la caridad (Eph 4,15), se unan con los hombres realmente pacíficos para implorar y establecer la paz.
Movidos por el mismo Espíritu, no podemos dejar de alabar a aquellos que, renunciando a la violencia en la exigencia de sus derechos, recurren a los medios de defensa, que, por otra parte, están al alcance incluso de los más débiles, con tal que esto sea posible sin lesión de los derechos y obligaciones de otros o de la sociedad.
En la medida en que el hombre es pecador, amenaza y amenazará el peligro de guerra hasta el retorno de Cristo; pero en la medida en que los hombres, unidos por la caridad, triunfen del pecado, pueden también reportar la victoria sobre la violencia hasta la realización de aquella palabra: De sus espadas forjarán arados, y de sus lanzas hoces. Las naciones no levantarán ya más la espada una contra otra y jamás se llevará a cabo la guerra (Is 2,4).
Prohibición absoluta de la guerra.
La acción internacional para evitar la guerra
82. Bien claro queda, por tanto, que debemos procurar con todas nuestras fuerzas preparar una época en que, por acuerdo de las naciones, pueda ser absolutamente prohibida cualquier guerra. Esto requiere el establecimiento de una autoridad pública universal reconocida por todos, con poder eficaz para garantizar la seguridad, el cumplimiento de la justicia y el respeto de los derechos. Pero antes de que se pueda establecer tan deseada autoridad es necesario que las actuales asociaciones internacionales supremas se dediquen de lleno a estudiar los medios más aptos para la seguridad común. La paz ha de nacer de la mutua confianza de los pueblos y no debe ser impuesta a las naciones por el terror de las armas; por ello, todos han de trabajar para que la carrera de armamentos cese finalmente, para que comience ya en realidad la reducción de armamentos, no unilateral, sino simultánea, de mutuo acuerdo, con auténticas y eficaces garantías.
No hay que despreciar, entretanto, los intentos ya realizados y que aún se llevan a cabo para alejar el peligro de la guerra. Más bien hay que ayudar la buena voluntad de muchísimos que, aun agobiados por las enormes preocupaciones de sus altos cargos, movidos por el gravísimo deber que les acucia, se esfuerzan, por eliminar la guerra, que aborrecen, aunque no pueden prescindir de la complejidad inevitable de las cosas. Hay que pedir con insistencia a Dios que les dé fuerzas para perseverar en su intento y llevar a cabo con fortaleza esta tarea de sumo amor a los hombres, con la que se construye virilmente la paz. Lo cual hoy exige de ellos con toda certeza que amplíen su mente más allá de las fronteras de la propia nación, renuncien al egoísmo nacional ya a la ambición de dominar a otras naciones, alimenten un profundo respeto por toda la humanidad, que corre ya, aunque tan laboriosamente, hacia su mayor unidad.
Acerca de los problemas de la paz y del desarme, los sondeos y conversaciones diligente e ininterrumpidamente celebrados y los congresos internacionales que han tratado de este asunto deben ser considerados como los primeros pasos para solventar temas tan espinosos y serios, y hay que promoverlos con mayor urgencia en el futuro para obtener resultados prácticos. Sin embargo, hay que evitar el confiarse sólo en los conatos de unos pocos, sin preocuparse de la reforma en la propia mentalidad. Pues los que gobiernan a los pueblos, que son garantes del bien común de la propia nación y al mismo tiempo promotores del bien de todo el mundo, dependen enormemente de las opiniones y de los sentimientos de las multitudes. Nada les aprovecha trabajar en la construcción de la paz mientras los sentimientos de hostilidad, de menos precio y de desconfianza, los odios raciales y las ideologías obstinadas, dividen a los hombres y los enfrentan entre sí. Es de suma urgencia proceder a una renovación en la educación de la mentalidad y a una nueva orientación en la opinión pública. Los que se entregan a la tarea de la educación, principalmente de la juventud, o forman la opinión pública, tengan como gravísima obligación la preocupación de formar las mentes de todos en nuevos sentimientos pacíficos. Tenemos todos que cambiar nuestros corazones, con los ojos puestos en el orbe entero y en aquellos trabajos que toso juntos podemos llevar a cabo para que nuestra generación mejore.
Que no nos engañe una falsa esperanza. Pues, si no se establecen en el futuro tratados firmes y honestos sobre la paz universal una vez depuestos los odios y las enemistades, la humanidad, que ya está en grave peligro, aun a pesar de su ciencia admirable, quizá sea arrastrada funestamente a aquella hora en la que no habrá otra paz que la paz horrenda de la muerte. Pero, mientras dice todo esto, la Iglesia de Cristo, colocada en medio de la ansiedad de hoy, no cesa de esperar firmemente. A nuestra época, una y otra vez, oportuna e importunamente, quiere proponer el mensaje apostólico: Este es el tiempo aceptable para que cambien los corazones, éste es el día de la salvación.
Causas y remedios de las discordias
83. Para edificar la paz se requiere ante todo que se desarraiguen las causas de discordia entre los hombres, que son las que alimentan las guerras. Entre esas causas deben desaparecer principalmente las injusticias. No pocas de éstas provienen de las excesivas desigualdades económicas y de la lentitud en la aplicación de las soluciones necesarias. Otras nacen del deseo de dominio y del desprecio por las personas, y, si ahondamos en los motivos más profundos, brotan de la envidia, de la desconfianza, de la soberbia y demás pasiones egoístas. Como el hombre no puede soportar tantas deficiencias en el orden, éstas hacen que, aun sin haber guerras, el mundo esté plagado sin cesar de luchas y violencias entre los hombres. Como, además, existen los mismos males en las relaciones internacionales, es totalmente necesario que, para vencer y prevenir semejantes males y para reprimir las violencias desenfrenadas, las instituciones internacionales cooperen y se coordinen mejor y más firmemente y se estimule sin descanso la creación de organismos que promuevan la paz.
Misión de los cristianos en la cooperación internacional
88. Cooperen gustosamente y de corazón los cristianos en la edificación del orden internacional con la observancia auténtica de las legítimas libertades y la amistosa fraternidad con todos, tanto más cuanto que la mayor parte de la humanidad sufre todavía tan grandes necesidades, que con razón puede decirse que es el propio Cristo quien en los pobres levanta su voz para despertar la caridad de sus discípulos. Que no sirva de escándalo a la humanidad el que algunos países, generalmente los que tienen una población cristiana sensiblemente mayoritaria, disfrutan de la opulencia, mientras otros se ven privados de lo necesario para la vida y viven atormentados por el hambre, las enfermedades y toda clase de miserias. El espíritu de pobreza y de caridad son gloria y testimonio de la Iglesia de Cristo.
Merecen, pues, alabanza y ayuda aquellos cristianos, en especial jóvenes, que se ofrecen voluntariamente para auxiliar a los demás hombres y pueblos. Más aún, es deber del Pueblo de Dios, y los primeros los Obispos, con su palabra y ejemplo, el socorrer, en la medida de sus fuerzas, las miserias de nuestro tiempo y hacerlo, como era ante costumbre en la Iglesia, no sólo con los bienes superfluos, sino también con los necesarios.
El modo concreto de las colectas y de los repartos, sin que tenga que ser regulado de manera rígida y uniforme, ha de establecerse, sin embargo, de modo conveniente en los niveles diocesano, nacional y mundial, unida, siempre que parezca oportuno, la acción de los católicos con la de los demás hermanos cristianos. Porque el espíritu de caridad en modo alguno prohíbe el ejercicio fecundo y organizado de la acción social caritativa, sino que lo impone obligatoriamente. Por eso es necesario que quienes quieren consagrarse al servicio de los pueblos en vías de desarrollo se formen en instituciones adecuadas.
Presencia eficaz de la Iglesia en la comunidad internacional
89. La Iglesia, cuando predica, basada en su misión divina, el Evangelio a todos los hombres y ofrece los tesoros de la gracia, contribuye a la consolidación de la paz en todas partes y al establecimiento de la base firme de la convivencia fraterna entre los hombres y los pueblos, esto es, el conocimiento de la ley divina y natural. Es éste el motivo de la absolutamente necesaria presencia de la Iglesia en la comunidad de los pueblos para fomentar e incrementar la cooperación de todos, y ello tanto por sus instituciones públicas como por la plena y sincera colaboración de los cristianos, inspirada pura y exclusivamente por el deseo de servir a todos.
Este objetivo podrá alcanzarse con mayor eficacia si los fieles, conscientes de su responsabilidad humana y cristiana, se esfuerzan por despertar en su ámbito personal de vida la pronta voluntad de cooperar con la comunidad internacional. En esta materia préstese especial cuidado a la formación de la juventud tanto en la educación religiosa como en la civil.
Participación del cristiano en las instituciones internacionales
90. Forma excelente de la actividad internacional de los cristianos es, sin duda, la colaboración que individual o colectivamente prestan en las instituciones fundadas o por fundar para fomentar la cooperación entre las naciones. A la creación pacífica y fraterna de la comunidad de los pueblos pueden servir también de múltiples maneras las varias asociaciones católicas internacionales, que hay que consolidar aumentando el número de sus miembros bien formados, los medios que necesitan y la adecuada coordinación de energías. La eficacia en la acción y la necesidad del diálogo piden en nuestra época iniciativas de equipo. Estas asociaciones contribuyen además no poco al desarrollo del sentido universal, sin duda muy apropiado para el católico, y a la formación de una conciencia de la genuina solidaridad y responsabilidad universales.
Es de desear, finalmente, que los católicos, para ejercer como es debido su función en la comunidad internacional, procuren cooperar activa y positivamente con los hermanos separados que juntamente con ellos practican la caridad evangélica, y también con todos los hombres que tienen sed de auténtica paz.
El Concilio, considerando las inmensas calamidades que oprimen todavía a la mayoría de la humanidad, para fomentar en todas partes la obra de la justicia y el amor de Cristo a los pobres juzga muy oportuno que se cree un organismo universal de la Iglesia que tenga como función estimular a la comunidad católica para promover el desarrollo a los países pobres y la justicia social internacional.